Cuando allá por el 2008 se estrenó Wall-E a nadie se le escapó la cantidad de referencias que la película tenía hacia anteriores películas de ciencia ficción. Desde Cortocircuito hasta Soy leyenda, Pixar utilizaba conceptos e incluso diseños de personajes que pertenecen ya al imaginario colectivo, construyendo con todo ello una historia que recibió el beneplácito tanto del público como de la crítica, ambos entregados casi ciegamente a cada nuevo proyecto proveniente del estudio de animación. Sin embargo, entre todas esas referencias hay una que fue, quizá, la más mencionada en el momento del estreno de la película: 2001: Odisea en el espacio. Y no por nada.
Durante la primera parte de la película, que fue la que le hizo ganarse alguna estrella de más en los medidores habituales de calidad de la prensa, Pixar hizo gala de su maestría narrativa al mantenernos enganchados a la butaca mostrándonos los quehaceres diarios de un solitario y gracioso robot.

Sin embargo, es en la segunda parte cuando, una vez presentado el conflicto amoroso principal de la película, la trama se desarrolla siguiendo tintes más convencionales y nos presenta al principal villano de la función: Auto, el sistema de piloto automático de la nave que se niega a devolver a los últimos seres humano a la Tierra y que cuenta con un diseño estético que nos recuerda a HAL, el ojo rojo amenazante y sin párpados que se rebelaba contra la tripulación en 2001: Odisea en el espacio.
Sin embargo las referencias más explícitas no acaban aquí. ¿Hoy en día quién podría mirar un ojo como el citado anteriormente o a un gorila utilizando un palo y no tararear, aunque sea mentalmente, la archifamosa canción de 2001? Nadie, ¿verdad? Pues los encargados de Wall-E tampoco, y por si la evidente similitud entre Auto y HAL no fuese suficiente ellos se encargan de remarcarnos la cita con el tema clásico de Richard Strauss . Pero cuidado, no en un momento cualquiera de la película, no. Lo hacen en un momento que bien podría ser continuación de la historia kubrick-clarkiana.
La trama mas importante de 2001 es aquella que trata de dar un motivo a la evolución del ser humano: desde el primer acto de la película la presencia del monolito es la que nos indica que, gracias a él, nuestra forma de vida dará un paso adelante. El tiempo transcurrido entre paso y paso, por supuesto, es de millones de años, y dicho lapso de tiempo se muestra en la película a través de una elipsis de sobra conocida por todo el mundo: en un momento dado, el mono, que ha aprendido a utilizar un hueso como herramienta, lo lanza hacia el aire para convertirse, a través de un corte, en nave espacial. Al igual que el ser humano ha evolucionado, sus herramientas también lo han hecho pasando de ser un hueso en la prehistoria a una nave espacial en el futuro. El problema viene cuando esa herramienta antaño bajo control se descontrola y se vuelve contra el hombre. Es decir: el problema surge cuando aparece HAL.

Y cuando aparece Auto también, claro. Gracias al sistema de inteligencia artificial de la nave construido por científicos en la Tierra, los seres humanos que residen en ella no tienen ninguna labor de la que preocuparse. Mientras ellos viven tumbados delante de un permanente monitor, los robots son los encargados del mantenimiento de la nave, y de la supervivencia de la raza. Su autonomía ha llegado a desarrollarse hasta el punto de tomar decisiones vitales por si mismos, negándose en este caso a querer regresar a la Tierra. Es entonces cuando el capitán de la nave, en una suerte de resurrección espiritual del Dave de 2001, consigue volver a ponerse de pie sobre sus dos piernas, revelarse contra Auto, tomar el control de la nave y dominar, al fin, la herramienta de nuevo, con la música de 2001 sonando triunfante.