Si existe un subgénero dado a ser sobreinterpretado continuamente ese es el de las películas de zombis. Desde que Romero realizase la clásica “Noche de los muertos vivientes”, una analogía ha sido la mas usada para dar sentido a esas criaturas de lentos andares (en según qué versión) e inevitables balbuceos: los zombis son un reflejo de esta sociedad consumista que devora de forma insaciable. Y a “The walking dead”, enmarcada como está en una sangrante crisis económica mundial, esta analogía no podía sentarle mejor. Sin embargo la serie, sin hacer alarde de innovación alguna, centra su desarrollo en las tramas truculentas de un grupo lostiano de supervivientes con un Rick esquizofrénico como protagonista que tan pronto se muestra frágil y llorica como ejemplo de sujeto hipertestosteronizado. Un caos de personaje en consonancia con una trama empantanada de agujeros y flecos que quedan sin resolver sin que supongan ningún problema para los personajes, pero que da muestras de brillantez concentrados en los capítulos 1 y 5. Este último un capítulo cuyo final contiene elementos que recuerdan, una vez más, a la serie isleña por excelencia.
Seguramente sea otro intento en vano de publicar algo por aqui de forma regular, pero últimamente la sensación de que las películas que veo van creciendo durante los días siguientes en mi cabeza me ha llevado a pensar que este rincón puede servirme de via de escape, aunque sea como ejercicio personal obligatorio.Y aunque creais que ahora vayáis a leer la enésima interpretación de Inception por lo de las películas (ideas) que van creciendo en mi cabeza, no será así. Me gustaría hablar de The last Airbender, ya sabéis, la última de Shyamalan.
El hecho de ser la primera película que el director de nombre complicado dirige sin estar basada en una idea propia sería la razón perfecta para excusar el desastre que es. Pero Shyamalan ajeno (como es habitual) al continuo machaque al que se le somete película tras película, sigue dejando patente su buen hacer en materia cinematográfica. Se trata, claramente, de un intento de arrimarse más al gusto popular sin borrar el camino construido hasta ahora. Incluso el guión no se aleja demasiado de temas tratados anteriormente, tales como la predestinación o la fuerza de la comunidad. Temas tratados con más trasparencia sobre todo en La joven del agua, punto clave en la filmografía del director, o El protegido.
Seguramente por culpa del montaje, la película no deja de ser un intermitente camino de momentos brillantes -como los minutos finales o las peleas- y otros desastrosos. El empeño (puede que de M. Night, puede que del estudio) de trasladar literalmente la serie animada tampoco favorece el resultado. Momentos que no terminan de quedar definidos, como la decisión de los protagonistas de ir pueblo por pueblo liberando a los habitantes e instigarles a que se alcen contra el imperio de Fuego que son tratados en apenas 10 minutos. Un montaje de hora y media que intenta contar demasiado rápido una trama y una mitología que cláramente necesitaría de más tiempo para desarrollarse, siendo fiel al espíritu zen que trata de trasmitir la película y que además es propio del estilo del director. No hay más que ver las escenas de lucha del filme o el brillante teaser trailer, todas rodadas en fluidos planos secuencia.
Un pequeño bache en la filmografía de Shyamalan que, en un atisbo de esperanza ha declarado estar ya harto de que le vapuleen en los EE.UU. y que a partir de ahora hará lo que el crea que tiene que hacer. Como Aang en The last airbender.
Creo recordar que esta fue la última vez que vi Bilbao en la pantalla de un cine:
En ese caso hacía poco que el Guggenheim había sido construido, y la aparación de la ciudad en la película seguramente se debía a ello. Pero este fin de semana será un caso muy distinto. Se estrena Pagafantas, por fin. Una película con la esencia, no solo de la capital vizcaina por estar rodada en ella, sino de todo el País Vasco si atendemos a su argumento. Bien es conocido por todos el tópico de que aquí se liga más bien poco, ¿no?
Pues eso, que a partir de mañana en los mejores cines.
1-. Si hay alguien que hoy en día domine como nadie los mecanismos del misterio en el audiovisual ese es J.J. Abrams, y por extensión, su productora Bad Robot. En el siguiente video, él mismo explica lo que esa caja supone para él como creativo y como narrador:
La mayor parte de la producción de Bad Robot se basa en el funcionamiento de esta caja misteriosa: Alias, Lost, Fringe, Cloverfield… Y en otros casos, pese a que el misterio no es el que empuja toda la trama principal, sí que se presenta en forma de caja cuyo contenido no se nos revela. En forma de McGuffin al fin y al cabo: en Mission: Impossible 3 Ethan Hunt debe robar un objeto cuyo nombre en código es “pata de conejo” y entregarlo al malvado hombre con malas intenciones que retiene a su mujer. En ningún momento se nos dice claramente qué es lo que puede hacer dicho objeto, y sin embargo, un informático (interpretado por Simon Pegg), con el único fin narrativo de hacernos ver lo que es capaz de arriesgar nuestro héroe al entregárselo al maloso en mano, rumorea con que es posible que ese cacharro se cargue todo lo que existe sobre la faz de la Tierra.
Bien, la película termina y no nos hemos enterado de qué es realmente la pata. ¿Pero has disfrutado igualmente, no?
El asunto va aún más allá cuando esos mecanismos se utilizan para la promoción de esas series y películas. Pensemos en los juegos interactivos de internet en los descansos veraniegos de Lost o en el hecho de que se presente el trailer de una película desconocida cuyo único título es su fecha de estreno y un nombre como reclamo: JJ Abrams. Hablamos de Cloverfield, claro. Ahí está, el propio JJ convertido en elemento que nos impulsa a querer saber qué esconde ese trailer.
2-. Avancemos en el juego de la caja. Lost, temporada 1. Aparece una escotilla en medio de la flora isleña y no sabemos qué pinta ahí. Qué mejor manera de explicar el asunto de la caja que este. ¿Qué puede haber dentro? ¿La salvación? ¿La condena? Durante casi media temporada los personajes van haciéndo cábalas sobre lo que puede encerrar la puerta, y van ocurriendo cosas que hacen que nuestras ansias por conocer el contenido vayan en aumento. Llega el último capítulo de la temporada y parece que por fin sabremos la verdad, que veremos la resolución del misterio, pero no es así. Los losties consiguen abrir la escotilla con un petardazo y a nosotros, a continuación, nos introducen por una larga y oscura caída hacia el interior. Pero ahí se queda todo. Coitus interruptus. Si quieres ver lo que hay dentro, ve la siguiente temporada.
Con el parón del verano llegan las cábalas en foros y webs sobre lo que pueda haber dentro de la escotilla. Las ganas de que empiece la siguiente temporada aumentan, y por fin aparece el primer capítulo. Y así llega la primera “pirivuelta” narrativa, la sorpresa invertida. Vemos a un hombre cuyo rostro se nos oculta hacer sus tareas diarias, con lo que parecen ventanas con luz natural y todo, hasta que de repente todo el lugar tiembla, la música se acelera, y descubrimos, poco a poco, que hemos empezado la temporada dentro de la escotilla, dentro de la sorpresa. Dentro de la caja. El misterio invertido.
3-. El máximo ejercicio de inmersión dentro de la caja en toda la producción de Bad Robot es Cloverfield, si nos tomamos el estar fuera de la caja como el hecho de poder llegar a conocer el misterio de forma objetiva. Como todos sabemos, la película, llevándo el termino contemporáneo en cuanto a cine se refiere hasta el límite, juega a ser testimonio grabado cámara en mano del ataque de un monstruo gigante a la ciudad de Nueva York. En ningún momento sabemos de dónde ha salido el monstruo (a pesar de un detalle en la última escena), ni por qué está atacando.
No tenemos una visión de conjunto, general, de lo que está ocurriendo. Estamos encerrados en la cámara, con los protagonistas y con el misterio. Y quienes están fuera, observando, con la posiblidad de llegar a conocer la verdad, son los militares que encuentran la cinta. La caja.
4-. Sin embargo, si algo queda claro con todo esto, es que lo relevante no es el contenido de la caja, el descubrir el misterio, si no las tramas y el viaje que este impulsa. Algo que, quizá, no se puede generalizar si tomamos en cuenta ciertos géneros, como por ejemplo la ciencia ficción. En sus tres primeras temporadas Lost era una serie de personajes con leves pinceladas de ciencia ficción, que eran las que atraían a cierto tipo de audiencia. Gran parte de su éxito, de hecho, puede deberse a esa mezcla. En sus tres últimas temporadas, en cambio, la serie ha ido desprendiéndose de esas tramas más personales para ir al grano, dejar de esconderse, y revelarse como lo que es: una serie de ciencia ficción pura y dura. Esto ha conllevado una bajada de audiencia, pero con la permanencia fiel de ese “cierto tipo de audiencia” que mencionaba más arriba. Es decir, los autores de la serie, fijando un final seguro para la misma, han preferido sacrificar parte de la audiencia y contar lo que realmente quieren, sin dejar por ello de crear un camino fascinante hasta la resolución del misterio. Hasta la apertura de la caja.
Las causas del accidente de Air France se van esclareciendo, y todo apunta a que detrás de todo se encuentra ni más ni menos que JJ Abrams. El director está llevando a cabo una campaña agresiva de publicidad con el fin de dar a conocer una de sus series estrellas entre el pueblo boliviano. Demasiado agresiva, quizá:
Y mañana dirán que un gringo de nombre Johnny Storm se ha quemado a lo bonzo frente a la embajada de Estados Unidos en Bolivia. O qué se yo.
(Más sobre JJ Abrams y sus técnicas narrativas/promocionales próximamente)
En Amazon.uk: 9,27 + 11,60 + 9,27 + 12,76 (+9,28 de gastos de envio) = 48,18€ (y en la puerta de casa)
He comprado en amazon por primera vez, y como supondréis no me costó mucho esfuerzo dar el paso. Lo que ocurre aquí con los precios cada vez es más escandaloso.
Otro día os hablo de las 4 primeras temporadas de The Office por 55 €.
No hace falta reivindicarla, pero me gustaría remarcar el carácter contemporáneo de Qué Vida Más Triste. Recordemos que la serie surge gracias a las bondades del medio estrella del futuro-presente inmediato: Internet. Con la idea de contar cada domingo una pequeña historia de 3-4 minutos, la serie de Rubén Ontiveros fue ganando fans hasta que la Sexta, de forma ejemplar, vio un tirón en la serie. No trataron, como pueda ocurrir en otros casos, de llevarse a los responsables de la serie para elaborar algo nuevo, no. Su intención era la de traspasar la serie de forma íntegra, respetando el formato, decorados (habitaciones reales recreadas al detalle en estudio), personajes e historia previa.
Normalmente el proceso de traspaso se produce en sentido contrario: tenemos en cuenta a Youtube como herramienta para ver trozos, escenas selectas, o incluso capítulos enteros de la televisión. Y este es el primer punto a favor de la contemporaneidad de QVMT: es la primera serie de Internet que se ve en televisión.
Ahora, parodiando el argumento de Be kind, rewind, los responsables de la serie ofrecen un homenaje al lugar del que salieron y que tanta fama les ha aportado de la siguiente manera:
Youtube por Youtube
Los capítulos de QVMT se suelen disfrutar más si tienes el bagaje “cultural” del que hacen mención continuamente. Un bagaje perteneciente, muchas veces, a la cultura pop (por así decirlo) de la década de los 80. Pero en este caso, el previo conocimiento de los vídeos homenajeados es necesario para comprender el sketch. Vídeos, todos ellos, contemporáneos.
Pero además la serie resulta contemporánea en el sentido más extremo de la palabra cuando en uno de los primeros capítulos de esta segunda temporada se les pone a los protagonistas en cuarentena por ¡una posible infección vírica!